El hombre animal, por Ana Maria Torrijos

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BARCELONA (ESPAÑA), 25.05.2018. El líder nazi del independentismo en Cataluña y actual presidente de la Generalidad de los catalanes, Joaquim (quim) Torra Pla. Efe

Redacción – Esos individuos, los ciudadanos que no encajan en sus esquemas supremacistas, son “Bestias con forma humana”. Siglos de civilización, avatares continuos. Con la mirada hacia ese largo y arduo pasado, se aprecia el esfuerzo, la superación. La tecnología invade el espacio social y con ella el intento de conciliar la convivencia. San Cugat del Vallés (Barcelona), domingo 27 de mayo de 2018. Fotografía: BARCELONA (ESPAÑA), 25.05.2018. El líder nazi del independentismo en Cataluña y actual presidente de la Generalidad de los catalanes, Joaquim (quim) Torra Pla. Efe

Pero con sorpresa mayúscula hemos topado con un espécimen único, un ejemplar con características muy singulares, el que tiene la capacidad de catalogar a los seres humanos. En un esfuerzo sublime ha trazado una línea divisoria entre lo que él considera la selección de la raza y lo que en proceso de retroceso ha tildado de “carroñeros, víboras, hienas”. Esos individuos, los ciudadanos que no encajan en sus esquemas supremacistas, son “Bestias con forma humana”. Los calificativos derrochados, a cuál más vergonzoso, son impropios de una persona equilibrada y comprometida con la deferencia que le deben merecer los demás seres humanos. No han sido esos improperios el resultado de la ofuscación, de un momento de enfado, todo lo contrario están imprimidos en artículos y libros de mayor formato. Esa locuacidad, esa verborrea infame, que suele emplear el recién propuesto presidente de la Generalidad, le tendría que invalidar para ocupar un cargo institucional. El señor Quim Torra no merece representar a todos los catalanes, tanto a los que instigados por muchos años de adoctrinamiento, disculpan esa nefasta ligereza como a los que ha dirigido tales insultos.

Lo infame es que este comportamiento es de larga trayectoria, programado desde tiempo atrás por el nacionalismo catalán, una élite burguesa acostumbrada a presionar al Gobierno con el propósito de conseguir suculentos beneficios económicos y mediatizar las decisiones del Estado.

Regiones españolas han sido abandonadas y sacadas de los planes de inversión, en aras de apoyar siempre a los que más gritan o a los que, según ellos están más desarrollados y son superiores. Ya en el recuerdo lejano se encuentra la movilización que se hizo en León, y la más reciente en Teruel pidiendo ayuda, comunidades cada vez con tasas de población más bajas, jóvenes ausentes en busca de puestos de trabajo, quejas por el abandono que sufren desde la Administración. El Parlamento Europeo aprobó un plan hidrológico para aprovechar el agua del Ebro y poder reconducir ese “oro líquido” a la zonas del levante más necesitadas de regadío. Se movilizaron los resortes del nacionalismo y con una feroz campaña se consiguió que el ejecutivo de Zapatero, teledirigido por el PSC, lo eliminase de la agenda. Millones de euros, puestos de trabajo y agua para la fértil huerta murciana, perdidos.

Y en estos momentos un delirante individuo con mente torva es capaz de agraviar a todos los ciudadanos, guiado exclusivamente por una ideología dañina y un cerebro poco habituado a cobijar el respeto a la diversidad ¿Dónde están los resortes de poder del Estado? Atisbos de violencia callejera. Superado el límite que marca las relaciones entre las personas. Vulnerados los derechos individuales. Avasallados algunos artículos de la Constitución. Delitos de corrupción a mansalva.

Sin un Ejecutivo nacional coherente y capaz de tomar las medidas prescritas por la ley, no se solucionarán los graves problemas presentes y los que se ciernen a corto plazo. Lo urgente ahora es fomentar un movimiento de opinión transversal, todos unidos, desde el que desea ensalzar los símbolos patrios, hasta el que sólo le mueve su postura contestataria, sin dejar de mencionar al que quiere progreso, orden y justicia social.

España necesita leyes renovadas, al servicio de la ciudadanía, de la verdad, de la honestidad, que respondan a la igualdad entre todos los españoles, que al amparo de  ellas puedan los ciudadanos sentirse libres, con iniciativa, que prime la valía, el afán de trabajo, la calidad en la formación educativa. En estos momentos están los catalanes al arbitrio de unos y de otros sin coste ninguno para ellos, se decide hacer peatonal una calle sin calibrar las consecuencias, restringir el aparcamiento por doquier a base de tasas, disponer huertos en el casco urbano, primar a los manteros, a los ocupas, llenar los edificios públicos de pancartas ideológicas, ensuciar el mobiliario urbano, negar o dificultar manifestaciones culturales propias de la tradición y en su lugar proliferar pasacalles chabacanos, alterar el lenguaje al destruir las normas gramaticales que lo conforman.

Un ambiente desolador, un ir y venir de diputados en la Cámara autonómica sin hacer nada, muchos sólo sirven de claca a las sugerencias de un iluminado, de un señor que siempre ha vivido de la ayuda pública y que se ha creído un pensador, un filósofo, un taumaturgo. Pero toda está remunerado por el erario público y esa farándula en la que se ha convertido el plenario autonómico, nos hace retroceder a tiempos pasados en los que los comediantes representaban la función en las plazas públicas de los pueblos. Y la catarsis llegó al interrumpir la sesión el presidente del hemiciclo por atreverse a quitar un diputado el tan vistoso lazo amarillo, “símbolo de los presos políticos”.

Un espectáculo lamentable para los que trabajamos, estudiamos, cuidamos de nuestras familias, queremos una sociedad sana y libre de ladrones de guante blanco. Y sobre todo lamentamos la acción de ingeniería que han aplicado a nuestra democracia.

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