Esto es nuestro, por Ana Maria Torrijos

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CATALUÑA (ESPAÑA), 28.10.2017, tras el golpe de estado, los golpistas preparan la fuga. Los racistas, el prófugo d ela justicia Carles Puigdemont, expresidente catalán (i) junto al preso golpista Oriol Junqueras Vies, exvicepresidente catalán (d), en una imagen archivo Efe.

Redacción – Es el momento de romper las cuerdas de las que penden las marionetas en las que nos hemos convertido. Desde ese mundo sideral en el que viven, lanzan frases de lo más sectario, dogmático y totalitario, sin tener en cuenta que ni únicamente ellos son Cataluña, ni las instituciones pueden servir en exclusividad a los secesionistas, ni la Iglesia puede rendirse al nacionalismo. Éste es el peligro que se cierne sobre nuestra sociedad, adormecer la mente e impedir a la persona tomar decisiones y hacerse responsable de sus actos. Nos ha tocado compartir un momento histórico en el que modas, ideologías e intereses tienden a primar el plural frente al singular. Barcelona (España), miércoles 14 de febrero de 2018. Fotografía: CATALUÑA (ESPAÑA), 28.10.2017, tras el golpe de estado, los golpistas preparan la fuga. Los racistas, el prófugo d ela justicia Carles Puigdemont, expresidente catalán (i) junto al preso golpista Oriol Junqueras Vies, exvicepresidente catalán (d), en una imagen archivo Efe.

Frase que por si sola no mueve rechazo, no obliga a argumentar una réplica, no lanza al aire un monosílabo negativo a modo de eco.

La vida desde el primer resplandor del día hasta el ocaso descubre y moviliza las aptitudes corporales e intelectuales del ser humano, con la ayuda más o menos firme de los que le acompañan en ese caminar. Una herencia y una impronta innovadora se contornean al paso del tiempo, con el acento más acusado de una como de la otra. Así se manifiesta la persona con el yo y el nosotros, temperando las dosis. Pero hay algo que no podemos olvidar: el individuo crea, descubre, inventa y el grupo recoge, cobija, conserva.

Nos ha tocado compartir un momento histórico en el que modas, ideologías e intereses tienden a primar el plural frente al singular. Más notoriedad se consigue al actuar ante un número impresionante de personas entregadas al entusiasmo, que ser escuchado en la intimidad por un enamorado de la voz del artista. Ocupar la pantalla televisiva en horas de gran audiencia da más apoyo en las urnas que hablar con pausa a un posible votante. Da pie a utilizar un lenguaje populista, un estilo en el vestir más informal, unas formas rebajadas de lo correcto. Todo eso mueve masas y ahí está el peligro, el desactivar los resortes que tiene la persona para convertirla en un número más de esa marea, de esa muchedumbre.

Todo un movimiento que socaba el ideal de las democracias parlamentarias liberales, que adultera la letra de la Constitución, que nos hace creer que somos libres cuando no somos capaces de formarnos, de recapacitar, de modular nuestros sentimientos, que nos hace zambullirnos en espacios cargados de mitos, de leyendas hasta no poder diferenciar la verdad de la fantasía.

Éste es el peligro que se cierne sobre nuestra sociedad, adormecer la mente e impedir a la persona tomar decisiones y hacerse responsable de sus actos. Impera tener  colectivos dóciles, fáciles de dirigir para no tener réplica alguna. Sumisión, acatamiento para luego lanzar esa amalgama de mentes huecas contra lo que convenga en cada   momento.

El nacionalismo ha sabido subirse a la ola de la innovación tecnológica y con esos sofisticados instrumentos se ha lanzado a adocenar a infinidad de individuos, que vacíos de alicientes, necesitan suministrarse esa dosis de vitalidad. Un menú que les corroe el alma, que calma sus frustraciones y les da todo aquello que les es preciso para seguir adelante. Pero hay algo que no tienen en cuenta los neo-organizadores de la sociedad y es que no hay colectivo humano uniforme en capacidades, en formación, en inquietudes ni en preferencias. De tanto olvidar al individuo, han llegado a creer que lo plural es siempre la suma de elementos iguales. Ahí está el resquicio por donde puede abrirse la brecha y ser el principio del fin de la doctrina homogeneizadora.

Somos muchos los que nos rebelamos y seremos más si tenemos claro que la libertad y los derechos son individuales. De ahí que la Cataluña es cómo cada uno la pueda recrear, sin interferencias bruscas de esos adoctrinarios que lo único que nos presentan en el horizonte es una tierra rica, fértil, repleta de árboles con frutas de oro colgando de sus ramas, pero que en realidad ese modelo ideal, por ser un monolito, es una tierra pantanosa que nos va inmovilizando hasta engullirnos, una tierra que aplasta a sus gentes.

Desde ese mundo sideral en el que viven, lanzan frases de lo más sectario, dogmático y totalitario, sin tener en cuenta que ni únicamente ellos son Cataluña, ni las instituciones pueden servir en exclusividad a los secesionistas, ni la Iglesia puede rendirse al nacionalismo. Esa enfermiza actitud alcanza síntomas de lo más delirante cuando con machacona insistencia utilizan el adjetivo posesivo “Nostra”, “nostra terra, nostra escola, nostra cultura”. Muchos son los abducidos por estos sentimientos, pero más aún los que viven de este montaje vidrioso. Esa riada de personas, clasificadas por profesión o por otra referencia, esos grupos de personas, a plena luz del día, colocando plásticos amarillos en las barandillas de una carretera o en las rejas de algún edificio público, esa cantidad de personas de cierta edad, jubilados, cargados con la estelada y con el lacito en la solapa, pancartas, fulares, todo eso no es espontáneo, está subvencionado por el Gobierno de la Generalidad y desde luego también las imágenes televisivas ridiculizando y parodiando a la familia del Rey.

Medidas correctoras son necesarias, la democracia no es la ley del más poderoso, es respetar las reglas de juego, no infringir la Constitución. Son muchos años ya de menosprecio a las aristas que delimitan lo legal de lo que está más allá. Se nos ha despojado de lo que nos hace libres y personas dignas, la libertad de elegir cómo hablar, qué pensar, con quién discutir, por qué sonreír y también a dónde estar. Es el momento de romper las cuerdas de las que penden las marionetas en las que nos hemos convertido, muñecos que se mueven según quieran los que manipulan los hilos. Unos porque nos llevan al abismo, a destruir una Nación, una convivencia, otros porque no han sabido o no han puesto el empeño necesario en mantener el principio democrático, la ley.

Es de lo más innovador y si queréis con tintes revolucionarios, el decir hoy en voz alta “es mi presente, es mi vida, es mi país”, para luego coincidir con las afirmaciones de  muchos otros ciudadanos y así sumar voluntades, inquietudes, compartir pero siempre con la impronta de cada uno, con los acentos que sean, hasta de ninguno. Ponernos de acuerdo para reconducir la democracia, ignorar a cualquiera que se quiera hacer dueño de todo lo que tenemos en común.

Acabemos con frases lapidarias de rechazo, de exclusión “Catalunya es nostra”.

Afirmemos “Catalunya es de tots, Cataluña es de todos”.

 

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