Inquieto presente

El dirigente extremista podemita, Pablo Manuel Iglesias Turrión (i) junto al presidente separatista catalanista, Carles Puigdemont Casamajó (d) durante un encuentro en el Palacio del gobierno regional de Cataluña. Archivo lasvocesdelpueblo.

Redacción: (Ana Maria Torrijos; licenciada en Filología Clásica) – Una sensación de extravio total nos inunda. Queremos tener un presente y parece estar confuso, surgen problemas, planes vacíos, se infringen las leyes y no se inmuta nadie. Hay medios suficientes para estabilizar las instituciones, pero los días pasan y se agrava la situación sin que se ponga un mínimo remedio. La Historia vuelve hacia atrás, en momentos lejanos, en siglos pasados muchos han sido los episodios que inquietaron a la población y que empujaron a los dirigentes a mostrarse atenazados, sin transcender en su cargo o subidos en la huida de su responsabilidad. San Cugat Del Vallés (Barcelona) España, miércoles 12 de abril de 2017. Fotografía: El dirigente extremista podemita, Pablo Manuel Iglesias Turrión (i) junto al presidente separatista catalanista, Carles Puigdemont Casamajó (d) durante un encuentro en el Palacio del gobierno regional de Cataluña. Archivo lasvocesdelpueblo.

Tendríamos que plantearnos qué relación debe haber entre el espacio político y el de la ciudadanía, entre los políticos y los ciudadanos. Podemos intentar buscar respuestas que nos agraden más o menos, y si cabe, no gravosas, con la intención de liberarnos de cualquier responsabilidad. A estas alturas, creo que somos incapaces de hallar una y enarbolarla con gesto de triunfo. Hemos enmudecido, no sabemos por dónde empezar.

A primeras horas de la mañana, nos enteramos del avance de los planes secesionistas del nacionalismo catalán; luego vemos las imagenes de la representación escénica de la entrega de armas de ETA con comparsas institucionales; al mediodía nos llegan los comentarios demagogos de ciertos miembros de Podemos sobre lo que ocurre en Venezuela, que frustra a cualquier mente con una mínima capacidad de pensar; luego ante el acuerdo pesupuestario, las fotos del apretón de manos con compañeros de viaje nada recomendables para la integridad de la Nación; avanzada la tarde, noticias de actos en distintos lugares de nuestra geografia contrarios a las raices cristianas; después aumentan los incausados por acciones delictivas desde cargos de responsabilidad, y cerramos la noche con opiniones de mandatarios extranjeros en contra de nuestros intereses territoriales y sobre nuestra soberanía nacional. Un panorama, nada tranquilizador, mientras nosotros estamos haciendo recuento de tumbas de un cercano pasado fraticida en vez de buscar la concordia y la convivencia.

No podremos apreciar el valor de la democracia, el valor de la legitimidad, el valor de la libertad hasta que no comprendamos que para ello se requiere interiorizar, explicar, y dar a conocer la verdad, una verdad clara, directa, concisa, sin lenguajes modulados por quienes intentan ocultar lo sucedido, una verdad presidida en cualquier calle, plaza, o esquina por la muerte de muchos familiares y vecinos, policias, políticos, simples trabajadores, niños, mujeres u hombres de bien. Si no mantenemos presente esas vidas interrumpidas por el zarpazo de unas bestias humanas, no lograremos que nuestra forma de organizarnos se desarrolle con normalidad, con polémicas propias de un régimen parlamentario pero sin poner en duda nuestra entidad como pueblo y nuestra legalidad vigente.

Hay paises europeos y de otros lugares que recuerdan a sus víctimas inocentes. Y nosotros queremos pasar página o aún peor, permitir que las igualen a los verdugos. No hay justificación que valga, ya en democracia hubo una amplia anmistia, por lo tanto, los que están en las cárceles, son individuos que no tenían ni tienen aprecio a la vida por agarrarse a la fanática imagen de su terruño.

En los cementerios reina el silencio por respeto a la muerte y las flores a la esperanza. Ahí están nuestros seres queridos y todos aquellos que les forzaron a dejar la vida. Unas ideas regadas por el odio, germinaron en pistolas disparadas en la nuca, en explosivos que destrozaron los cuerpos. El silencio los acuna y los acompaña, y nosotros estamos obligados con oraciones y el recuerdo, a respetarlos, a agradecerles el precio que representó sus vidas. No los olvidemos, rompamos la lastimosa frase del poeta ¡Qué sólos se quedan los muertos! Desde las instituciones y desde nuestro círculo personal tenemos que perpetuarles, ellos murieron por España y por la libertad.

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