La sociedad y la democracia

El ex presidente catalán, Artur Mas, durante su intervención, en el parlamento de Cataluña. archivo Efe.

Redacción: (Ana Maria Torrijos; licenciada en Filología Clásica) – Abrir los ojos nos facilita primero ver y luego, si sentimos interés por la imagen captada, nos aplicaremos en observar todo lo que puede abarcar nuestra visión. Igual ocurre con el oído, en primer lugar oímos, después escuchamos con atención y con deseos de entender esos sonidos que han llegado a nuestros tímpanos. Estas dos importantes dimensiones adquiridas a lo largo de nuestra vida, nos predisponen a conocer el entorno y asentarnos en la sociedad para primar las aptitudes que cada uno posee y con la ayuda de ellas dinamizar el ritmo de la comunidad. San Cugat del Vallés (Barcelona), viernes 24 de febrero de 2017. Fotografía: El ex presidente catalán, Artur Mas, durante su intervención, en el parlamento de Cataluña. archivo Efe.

Expuesta la reflexión, el camino hacia la realidad es fácil recorrerlo si realmente hay interés en tener todos los datos necesarios para organizar y dinamizar la vida en común. Los resultados del ejercicio descrito permitirá salvarnos de la decadencia en la que estamos inmersos, en el caso de querer dirigir con acierto nuestro presente y posterior futuro como sociedad.

En el Congreso de los diputados es donde mejor se puede ensayar las habilidades fomentadas:  la pérdida de nivel de las intervenciones políticas en los plenos o comisiones; la dejadez en el atuendo de los diputados; los ademanes y gestos vejatorios de sus señorías en las réplicas y contrarréplicas; la incursión consentida, cuando no planeada, de los asistentes invitados a las sesiones con ánimo hostil. Pero no todo queda aquí, hay un largo etcétera de signos del deterioro que se cierne sobre el hemiciclo donde reside la soberanía popular.

La ley, y su obligado respeto es la garantia del funcionamiento de las instituciones y por lo tanto de nuestros derechos. En este principio elemental también se corrobora el mal uso e inflexión que sufre la justicia. Las cámaras autonómicas y la nacional son el escenario en el que unos diputados justifican su dedicación al servicio de los ciudadanos; por eso las tantísimas leyes y normas redactadas y votadas en comandita, muchas innecesarias, otras sesgadas, sólo favorables a los intereses de los próceres; no hay una ética que les guie en ese desenfreno de legislar y legislar sin límite, y el resultado, sentencias no ajustadas a derecho sino “ejemplarizantes” según el nuevo diccionario creado para justificar lo imposible, lo que rompe el equilibrio y la igualdad de los españoles. El escándalo perpetrado más llamativo es que cargos electos, obligados a acatar las decisiones de los jueces, se inhiban, se rebelen, se rían y lancen improperios a la legislación y mientras tanto tribunales lentísimos en dictar sentencias sobre asuntos de gran calado social, político, ético, ajustan sus tiempos al ritmo imprimido por los políticos. Y en las últimas fechas, un dantesco uso de informes retenidos, falseados, perdidos, acompañados de declaraciones temerarias por parte de quienes ostentan puestos de responsabilidad en el Ministerio del Interior.

La libertad de expresión sirve de cobijo a  soflamas fuera de la ley, ataques a los poderes del Estado, desafios a la Nación, retos constantes a la estabilidad. La Carta Magna marca los límites a esa disponabilidad de opinar y no es aceptable que se hagan discursos de liquidación de la soberanía nacional desde una tribuna que representa tal soberanía. No es de recibo que unos lancen sus  consignas contra la libertad que en estos momentos representa la España sujeta a una normativa democrática, en la que se refrenda la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, punto de partida del normal desarrollo de la persona; y otros nos torpedeen con comunicados engañosos sin un mínimo de verdad, con el único fin de sortear los tribunales y como mal menor para ellos, la dimisión de su cargo.Si todo lo enumerado es grave y preocupante, igual lo es apreciar * el frecuente pasotismo del que hacen gala los elegidos para representar a los ciudadanos, ante cualquier problema o situación que acontezca y se dignen a plantear en la cámara legislativa.

Imperiosa es una reforma de las estructuras del Estado ya que la galopante deuda pública es inviable, así nos lo están diciendo los organismos europeos. Nuestra clase política no propone soluciones y cuando estalle el presupuesto al no conseguir prestamos, los primeros en estar en la picota serán las personas, las familias de clase media y sobre todo las de menor poder adquisitivo. Pero, más irónico es que la sociedad haya huido, no responda ante la ineficacia y no haya preservado todas las entidades que la ensamblaban y la mantenían viva.

Después de este breve repaso a la actualidad y apreciar la cantidad de grietas que pueden derrumbar nuestro edificio constitucional, la única y segura solución al precario funcionamiento del Estado, es concienciarnos de que la ley es la senda a seguir y que debemos requerir la firmeza del Ejecutivo para aplicarla.

Estas pautas han de ser acompañadas de una respuesta social temperada por la madurez adquirida en los años de ejercicio democrático, una respuesta de acuerdo con el deseo de seguir creyendo en nuestra capacidad de convivir juntos, de preparar las bases para diseñar un espacio en el que el estudio , el trabajo y el desarrollo nos permita vivir sin sobresaltos.

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