No puede recaer el funcionamiento del Estado en manos de unas élites insolventes

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Ana María Torrijos, licenciada en Filología Clásica. Foto Joseph Azanméné N./lasvocesdelpueblo

Redacción (Ana Maria Torrijos; licenciada en Filología Clásica) – El clímax alcanza su mayor intensidad. La sociedad se encuentra en un estado de ánimo expectante. Los partidos políticos con ropajes de mercaderes. Las encuestas desorientando. “No queremos una campaña crispada”; “el cambio con nosotros”; “los únicos que hemos dialogado”; “somos una palanca para el gobierno”. Son las frases repetidas en el continuo pregón que dura demasiado, medio año. Ausentes el colectivo de feministas cuando deberían en estos momentos de tensión pública estar más presentes con sus reclamos: Unas mujeres agredidas en una carpa informativa pro la selección nacional de fútbol; en Barcelona, la candidatura electoral de VOX rechazada por Fiscalía con la argumentación de no cumplir la cuota de paridad, el número once una mujer en lugar de estar en el diez, decisión que ha derivado en la imposibilidad de ser votada cuando lo más correcto hubiera sido rectificar el orden y así cumplir con el espíritu de la ley -ninguna mujer marginada-; un debate electoral televisivo sólo de mujeres, al estilo de la Atenas del siglo IV antes Jesus Cristo en donde las féminas tenían un lugar reservado, el gineceo, e incluso al modo de «Al-Ándalus», en el que el denominado “sexo débil”, nunca mejor dicho, estaba confinado en el harén. Sant Cugat del Vallés (Cataluña) España, domingo 19 de junio de 2016. Fotografía: Ana María Torrijos Hernández, licenciada en Filología Clásica. Foto Joseph Azanméné N./lasvocesdelpueblo.

El Ejecutivo se escuda en que está en funciones, pero con capacidad de entregar, en vísperas de elecciones generales, mayor porcentaje del fondo de ayuda a la Comunidad Autónoma que está lanzando un órdago al Estado, deslealtad a la Constitución. La alcaldía de Madrid impide la contratación de miles de puestos de trabajo al vetar planes urbanísticos de gran relevancia, la de Barcelona dificulta la labor de las fuerzas del orden frente a los okupas violentos, lo que fomenta la crispación. Muchos otros hechos se podrían enumerar para completar las anomalías que se amontonan, sucesos que crean un desconcierto general.

El Estado tiene que mantener la prevalencia de la ley y su cumplimiento, defender la seguridad de los ciudadanos frente a cualquier violencia

Si afirmamos que la acción política debe crear el marco legal adecuado para que los sectores sociales impriman su ritmo, esta última legislatura no ha respondido a las expectativas anunciadas por el señor Rajoy; se cansó de insistir en campaña, una y otra vez, las muchas reformas necesarias, pero a la hora de la verdad sólo se aplicó en paliar algo la situación económica. Cuatro años de mayoría absoluta, fundamentales para enmendar los desaguisados, han sido cuatro años desperdiciados. España continua en tierras movedizas y la causa supera cualquier coyuntura sobrevenida desde el exterior. La debilidad que la pone en situación de emergencia es su estructura interna y las normas legales que marcan su funcionamiento. El Estado tiene que mantener la prevalencia de la ley y su cumplimiento, defender la seguridad de los ciudadanos frente a cualquier violencia, facilitar a todas las personas el acceso a la asistencia sanitaria, a la educación y al amparo de los tribunales de justicia. Las otras muchas prestaciones puede propiciarlas la sociedad en un marco legal que le permita realizarlas.

Algunos servicios propios de la Administración no se ejecutan ni a niveles locales, autonómicos ni nacionales, lo que ha extendido la sensación de desprotección. La ausencia de la aplicación de la ley y de la presencia del Estado, ha alimentado los ímpetus de los que tienen puesto el leitmotiv de su existencia en la destrucción del sistema democrático o en la desaparición de la Nación española; los primeros con propuestas sacadas de fórmulas no viables, ya usadas y fracasadas, un Comunismo dispensador de pobreza y secuestrador de las libertades; los segundos con un discurso lleno de engaños y de tintes identitarios, dificultando el aprendizaje de la lengua española, paso intermedio en su gran proyecto nacionalizador. La calle está plagada de  vendedores ilegales, muchos edificios ocupados por quienes funcionan en la clandestinidad, abucheos en la vía pública, insultos y deseos de muerte en los Twitter, asaltos a tenderetes de propaganda de partido y banderolas electorales arrancadas.

El nacionalismo, la más dañina ideología que enfrenta a los ciudadanos y a las comunidades autónomas, no centró el interés del debate

En tal desorden, los espectadores de la pantalla televisiva han accedido al único debate diseñado a gusto del poder, cuatro candidatos a ocupar la Moncloa. ¿Porqué no cinco o seis? Es posible que la respuesta sea – sólo son invitados los que tienen representación parlamentaria-, sentencia falsa pues en el que hubo en los anteriores comicios se descartó a UPyD que sí la tenía. Acabado el intercambio de propuestas, réplicas y contrarréplicas por parte de los dirigentes políticos, es pertinente interpelar por la ausencia en sus discursos de uno de los más graves problemas que tiene el país: El nacionalismo. La más dañina ideología que enfrenta a los ciudadanos y a las comunidades autónomas, no centró el interés del debate y posiblemente fue intencionado el olvido. Les hubiese obligado a definirse con claridad pero a lo mejor para sus intereses partidistas no fuera conveniente. La Lacra que arrastra la democracia desde sus inicios y que la ha perjudicado. Los primeros de lista al Parlamento no fueron leales, no mostraron la altura moral que debe manifestar cualquier candidato a la presidencia de un país. El daño casi irreversible de muchos años de adoctrinamiento sobre la población menos informada, la de corta edad, no les ha obligado a tratar sin cortapisas uno de los problemas de mayor interés nacional. Irregularidad que ha forzado a muchas familias a cambiar de domicilio, de colegio, a sufrir persecución en el trabajo, en las diligencias administrativas y a no tener derecho a la información en el idioma oficial del Estado.

Terminada la presencia de los dirigentes políticos en el espectáculo audiovisual, los comentarios emitidos por los medios adquirieron rasgos pintorescos desde la vestimenta, arreglo del cabello, gestos, tono de voz, la dirección de la mirada, sonrisa sí, sonrisa no y otros detalles banales, sin olvidar las cábalas sobre la edad de los protagonistas. No tiene sentido que de un tiempo a aquí lo que se valore sea la juventud y el grado de belleza de los posibles presidentes. La política es una actividad transcendente para la vida de los ciudadanos y para hacer viable la paz social; sería imperdonable si la asumiéramos con una disposición superficial.

¿Sabemos acaso lo que proyectan en cuestión de pensiones, de emigración, de reformas estructurales? La demografía de la población está en declive y en poco tiempo será imposible mantener a las personas que hayan entrado en periodo de jubilación, pero ningún dirigente ha propuesto una reflexión profunda sobre su mantenimiento. La emigración está en la puerta de nuestras fronteras y no hay quién se enfrente a ella con el criterio debido que requiere este importante reto. Se ha de tratar con seriedad la defensa de nuestras raíces cristianas y con humanidad el socorro debido a las personas.

No puede recaer el funcionamiento del Estado en manos de unas élites insolventes, dispuestas sólo a llenar sus discursos de palabrería, de lisonjas fáciles y de ver cuál de ellos promete más favores

Por situación geográfica y por apuesta social somos un país regido por un sistema democrático lo que implica transparencia y eficacia en las decisiones tomadas. No puede recaer el funcionamiento del Estado en manos de unas élites insolventes, dispuestas sólo a llenar sus discursos de palabrería, de lisonjas fáciles y de ver cuál de ellos promete más favores con los que conquistar al mediocre ciudadano, que es así como nos consideran. Ante este panorama inevitable se requiere un llamamiento a toda la población para que valore su voto y sepa que depositado, no hay vuelta atrás.

No permitir más corrupción, no consentir más banalidades, no más demagogias, ha de ser la referencia, y en especial se ha de primar la libertad, los derechos de las personas no los históricos, ni los de los territorios, ni los de clase, ni los de género, sino los de Todos sin exclusión alguna.

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