Se tambalean los pilares que han sostenido nuestra forma de organizar el mundo

Ana María Torrijos, licenciada en Filología Clásica. Foto Joseph Azanméné N./lasvocesdelpueblo

Redacción (Ana Maria Torrijos; licenciada en Filología Clásica) – Ahora soslayar la ley es “un gesto democrático”, retar al Tribunal Constitucional es “una muestra de libertad de expresión”, romper una sociedad, es “un derecho a decidir”, manipular el pasado es “aplicar la memoria histórica”, y así infinidad de ejemplos, que se han hecho cotidianos por no provocar ya sorpresa, y los permitimos, hasta tal punto que les estamos dando carta de credibilidad con el rastro tan pernicioso que conlleva para una sociedad desorientada, amedrantada por el poder político y sin capacidad de reacción ante los titulares retorcidos de los medios informativos. San Cugat Del Vallés (Barcelona), domingo 8 de enero de 2017. Fotografía: Ana María Torrijos, licenciada en Filología Clásica. Foto Joseph Azanméné N./lasvocesdelpueblo

Educar: el Cristianismo y el Renacimiento, ingredientes generadores del pensamiento occidental

Educar es transmitir lo que tiene de peculiar la comunidad humana. Al participar en su vida e incluso en su crecimiento, esta actividad formativa facilita conservar la existencia corporal y espiritual. Sin ella, en la que han colaborado unidas la voluntad y la razón, la sociedad perdería su capacidad de existir como tal y también su capacidad de desarrollo.

A través de la instrucción la comunidad y el individuo encajan perfectamente, la comunidad perpetuándose y por su parte el individuo buscando ser la fuente de toda acción y conducta. Los europeos al tener la dignidad humana como referente, han forjado una personalidad cultural en la que la posición otorgada al individuo ha hecho posible la aspiración del hombre al más alto nivel.

La Grecia clásica, el Cristianismo y el Renacimiento, legaron: el hombre como idea, el valor del alma individual humana y la autonomía espiritual del individuo, ingredientes generadores del pensamiento occidental.

A partir de aquí, es imprescindible plantearnos qué nos queda o mejor dicho qué hemos dejado de fomentar. Es evidente que no nos encontramos en el momento más feliz y más firme del bagaje heredado de nuestros antepasados.

Se tambalean los pilares que han sostenido durante siglos nuestra forma de organizar el mundo, el triunfo definitivo del bien sobre el mal, de lo justo sobre lo injusto. Inmersos en una epidemia de mediocridad absoluta y sobre todo de rechazo al servicio de los grandes valores que deberían fortalecer nuestra vida en común, podemos sucumbir con una facilidad asombrosa.

El lenguaje ya no tiene el significado que hasta no hace mucho nos permitía en voz alta gritar libertad, justicia. Ahora soslayar la ley es “un gesto democrático”, retar al Tribunal Constitucional es “una muestra de libertad de expresión”, romper una sociedad, es “un derecho a decidir“, manipular el pasado es “aplicar la memoria histórica”, y así infinidad de ejemplos, que se han hecho cotidianos por no provocar ya sorpresa, y los permitimos, hasta tal punto que les estamos dando carta de credibilidad con el rastro tan pernicioso que conlleva para una sociedad desorientada, amedrantada por el poder político y sin capacidad de reacción ante los titulares retorcidos de los medios informativos.

El año ha terminado con falsas verdades sobre lo bueno que será el acercamiento al secesionismo catalán

El voto que cada cierto tiempo introducimos en las urnas y que indica quiénes tendrán que tramitar nuestros asuntos siempre con el propósito de vernos defendidos, se ha desvalorizado con una vertiginosa rapidez.

El año ha terminado con consignas cargadas de falsas verdades, sólo orientadas a un público supuestamente aletargado. El ejemplo más cercano lo tenemos en las múltiples reiteraciones que no sólo hace el ejecutivo sino también la oposición, sobre lo bueno que será el acercamiento al secesionismo catalán, adecuar las leyes para contentarles y calmarles.

En el fondo de esas injuriosas declaraciones hay una falta de capacidad y de valentía para aplicar la ley. Y para compensar esa dejación de funciones, tendría que haberse previsto en favor de los ciudadanos como mínimo una exención tributaria, trabajo no realizado, dinero restituido.

Noticias disuasorias de queja a la mala gestión, se ponen al abasto de los ciudadanos y una de ellas es la de aumentar en días la baja por paternidad, con el argumento solidario de que el niño en las primeras semanas de vida debe disfrutar de los dos progenitores, el padre y la madre.

Los ciudadanos siguen sin apreciar el profundo daño anímico que se hace al niño

Y los ciudadanos en la inopia, sin darse cuenta de que ese tiempo sin trabajar y con sueldo, sirve de anzuelo disuasorio ante lo gravoso que será el consentir durante dieciséis años como mínimo, en un colegio privado una única salida posible para que rija la libertad de lengua vehicular en la escuela. Y por encima del tema económico, los ciudadanos siguen sin apreciar el profundo daño anímico que se hace al niño, ausentes sus derechos a ser educado con infinito respeto desde su más tierna infancia, sin ser dañado en su afectividad.

Las estrategias de los secesionistas, de izquierda o de derecha, de aquí o de allá, sus muchas obscenidades realizadas y por realizar, desde la escuela, las actividades lúdicas, las series televisivas y ahora desde la cabalgata de reyes, sueño infantil de amor e ilusión, son buena prueba de hasta dónde una sociedad puede llegar a permitir cuando los valores se han eliminado del proyecto de vida personal y en común.

Los indebidamente llamados políticos, fuera de juego, sin abochornarse, distraídos en caminatas matutinas para ejercitar sus constantes enmohecidas, en la aparición de sedes políticas clonadas, en luchas internas y en rectificaciones constantes sobre sus pactos u otras zarandajas, están destruyendo nuestra salud social.

Todo lo mencionado parece no importar, y tampoco el sesgo dado a las noticias sobre el coste de ciertos servicios en este estrenado año, con la bien meditada intención de ocultar las injusticias y engaños cursados desde el poder —las “subidas previstas” del tabaco, el alcohol, el gas, el Ibi, y en ese lote las pensiones con un 0,25%, para hacer ver que suben—.

Arrastramos varias décadas de inseguridad jurídica pero también de múltiples injusticias y no pasa nada

¿Es justa ese decisión? con la inocencia de un niño y con cierta ironía nos vemos obligados a pensar que es un anticipo de lo que en el mismo porcentaje se va a incrementar el sueldo a todos los políticos y el presupuesto en subvenciones dirigidas a amiguetes, familiares, vecinos y todo tipo de vividores en asociaciones tapaderas que han proliferado durante estos años.

Arrastramos varias décadas de inseguridad jurídica pero también de múltiples injusticias y no pasa nada. Sólo las “rapiñas” salen a apoyar causas necesitadas de consideración cuando pueden ser carnaza política; en estos momentos, el PSOE se queja del mínimo aumento de las pensiones, cuando el señor Zapatero las congeló, y la mayor parte de los líderes políticos, increpan el abandono sufrido por las familias, víctimas del JAK 42, y siendo necesario nuestro total apoyo, nadie se acuerda de las víctimas de ETA, ni de las del 11 M, con sus causas aún sin investigar y la que se ha visto en los tribunales, con una sentencia digna de volver a abrir el proceso por sus tantas lagunas sin resolver.

Alemania es un ejemplo a seguir, se ha negado a permitir la causa de un grupo nacionalista de Baviera

Es totalmente imposible intervenir en el marco de la Constitución si no eres capaz de respetar su letra y aún más si la intentas destruir.

Alemania es un ejemplo a seguir, se ha negado a permitir la causa de un grupo nacionalista de Baviera por no caber en su texto constitucional la fragmentación de la nación alemana ni de la soberanía nacional. Todo es fácil si hay propósito de cumplir el marco legal.

Este 2017 no será fácil y menos para nosotros por arrastrar un elemento añadido, la inestabilidad del Estado

Se necesitan unas fuerzas políticas mayoritarias, verdaderas abanderadas de la libertad dentro de la ley; unos políticos obligados por su juramento a la Constitución; unos poderes del Estado independientes entre sí: el legislativo del ejecutivo y el judicial del cambalache entre gobierno y oposición; una actividad de la sociedad más dinámica y comprometida, con conciencia clara de que va con ellos la gobernabilidad del país.

Este 2017 no será fácil para ninguna nación del mundo y menos para nosotros por arrastrar un elemento añadido, la inestabilidad del Estado y el desconocimiento de nuestra presencia en el devenir de la historia; de la verdadera historia, no la manoseada por mentes enfermizas, agarradas únicamente a sus frustraciones y rencores.

Calidad en todos los ordenes sería un buen antídoto, pero para conseguirla es imprescindible recuperar el gran valor de la dignidad humana e introducirlo en la escuela.

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