Aquello que existe en la mente pero no en la realidad

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Los delincuentes separatistas, el preso Oriol Junqueras (detrás) y el fugado expresidente catalán, Carles Puigdemont, en rueda de prensa el Palacio de la Generalidad. Archivo Efe

Redacción (Ana Maria Torrijos) – ¿Y ahora qué? Volver otra vez a lo mismo… Los ciudadanos sin apoyo institucional desde hace mucho tiempo planean salidas de supervivencia, Tabernaria, Barcelona, Via Fora o seguir callando, la Cataluña silenciosa. Los resultados eran de esperar, una mayoría secesionista en los escaños de la Cámara autonómica. No importa que sea un partido constitucionalista el que haya ganado en apoyo popular, el que tenga más representantes en el hemiciclo. San Cugat Del Valles (Barcelona), lunes 1 de enero de 2018. Fotografía: Los delincuentes separatistas, el preso Oriol Junqueras (detrás) y el fugado expresidente catalán, Carles Puigdemont, en rueda de prensa el Palacio de la Generalidad. Archivo Efe

Un día más de los que se suceden en el calendario, 21 de diciembre. Ciudadanos agolpados a las puertas de los colegios electorales. Una situación de lo más habitual en un sistema democrático, aunque en esa ocasión difería mucho del supuesto contexto. Elecciones autonómicas, Plebiscito del derecho a decidir, Restauración de la república catalana. Tres opciones en las urnas, tres interpretaciones, tres resultados. Una rocambolesca situación impensable hace unos años. Muchos instigadores. Muchos negligentes.

Una “Nació Nova”, mito diseñado, impuesto desde el poder, el deseo de una minoria y el proyecto ha arraigado con la ayuda de soflamas televisivas. Se han violentado las libertades individuales y se han atropellado las leyes. Pero en este tremendo atropello muchos han intervenido, desde las más altas jerarquías hasta los propios incitadores, sin olvidar las fuerzas vivas de la sociedad, las que por su formación y responsabilidad en sus puestos de dirección están obligadas a colaborar en el ritmo del país. Se adulteraba el lenguaje, se rompían las reglas gramaticales de los términos y ni un miembro de la Real Academia alzó su voz para advertir de tal desatino. El relato histórico se llenaba de mentiras con personajes que de culpables pasaban a héroes, se hacían interpretaciones de un pasado lejano con esquemas propios de siglos posteriores, y ante tal atrocidad, la ausencia de solventes historiadores en foros públicos para advertir de la falsedad. La ocultación de irregularidades, tantos por cientos de aguinaldo, trueques, cambalaches y de colofón el silencio.

Los resultados eran de esperar, una mayoría secesionista en los escaños de la Cámara autonómica. No importa que sea un partido constitucionalista el que haya ganado en apoyo popular, el que tenga más representantes en el hemiciclo. Aquí, en el escenario de la farsa, que es hoy nuestro órgano representativo, lo que deslumbra es la proclama montada por ideólogos de lo imaginario, aquello que existe en la mente pero no en la realidad. Y todo ello amparado por una ley electoral que prima el voto de la Cataluña rural, anclada en su terruño, en el cordón umbilical que une al líder con su localidad, en el dañino mensaje de identidad para creerse que lo importante es el “Ésser de ” impostado, nacido de la pesebrada.

¿Y ahora qué? Volver otra vez a lo mismo, a la resistencia militante de unos líderes faltos de grandeza, de sentido de la realidad o por el contrario tomar una decisión firme desde el Estado, de respeto a todos lo ciudadanos y no permitir el bochorno que es el ver y oir en cada momento al huido Puigdemont burlarse, ofender en su arenga mitinera. Éstas son las únicas alternativas y en el horizonte una posible repetición de los comicios. Con diputados encarcelados, imputados y algún que otro viajero difícilmente puede funcionar el poder legislativo catalán. Tengamos en cuenta que para unos y otros es un ganar tiempo, con distintos fines pero ganar tiempo. Consumir la legislatura prima en el Gobierno, dar a conocer su nación milenaria es el objetivo de los conspiradores de la secesión. No hay más que motive a los actuales políticos. Los ciudadanos sin apoyo institucional desde hace mucho tiempo planean salidas de supervivencia, Tabernaria, Barcelona, Via Fora o seguir callando, la Cataluña silenciosa.

Las Fuerzas de Seguridad de retirada de la Comunidad Autónoma y el señor Zoido insistiendo en decir que la situación está normalizada. Pero cada día aumenta la inestabilidad, la huida de empresas, el valor del suelo en descenso y el número de turistas a la baja, síntomas suficientes para mantener la duda en el presente.

Una carpa , una mesa, hojas de recogida de firmas, bastaron para aunar voluntades. Firmas para una ILP en defensa de lo que reza el nombre de la plataforma que lo propugna “Hablamos Español”. Situación insólita en un país de solvencia y de rodaje democrático. A la lengua oficial de todo el Estado, se le ha privado su presencia institucional en una parte del territorio, sobre todo en la enseñanza. Ha sido un proceso de muchos años, de avances pequeños o grandes según cómo se mire, mientras los Gobiernos de España se han dedicado a hacer concesiones fuera del debate parlamentario. Unas concesiones de profundo calado, la entrega de la formación de los futuros ciudadanos. De esta concesión impúdica sobreviene la imperiosa propuesta que se firmaba : cumplir la Constitución.

A horas de un Nuevo Año, es imperioso clarificar la realidad y emprender un proyecto nítido, común, ilusionante, de mañana para un País ya bregado en el transcurrir de los siglos, pero que ahora bosteza como decía el poeta.

Ana María Torrijos

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