Aterrizarán en Navarra los delincuentes guipuchis

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Imagen del autor del artículo, Sila Felix, con apoyo a los presos terrorista de la banda asesina del líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi. 'Aterrizarán en Navarra los delincuentes guipuchis que no quieren en San Sebastián'. Lasvocesdelpueblo

Redacción (Sila Felix) – Ya tienen que estar haciendo quinielas en las tres prisiones del País Vasco y la de Navarra: de cerrarse la cárcel de Martutene, ¿qué contingente delincuencial guipuchi acogerá cada uno?. Navarra (España), viernes 19 de enero de 2018. Fotografía: Imagen del autor del artículo, Sila Felix, con apoyo a los presos terrorista de la banda asesina del líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi.  ‘Aterrizarán en Navarra los delincuentes guipuchis que no quieren en San Sebastián’. Lasvocesdelpueblo

Martutene, la veterana prisión donostiarra datada en 1948, está en las últimas. Los internos allí alojados son unos doscientos en régimen interior, más otro centenar en modalidad abierta: ¿serán trasladados en breve a otros centros? Al encontrarse prácticamente paralizada la construcción de su relevo, en Zubieta, las prisiones más próximas y modernas se presentan, a priori, como las naturales candidatas a tan particular trasvase humano: Araba, sustituta de la siempre contrahecha en Nanclares de Oca, y Pamplona-1, ubicada en su colina de Santa Lucía y apenas ocupada en una cuarta parte de su capacidad.
Los más agoreros aventuran que mitad y mitad: de modo que Pamplona-1 podría acoger un centenar largo de delincuentes guipuchis. El resto, a Araba.
Tales cábalas no son absurdas: Pamplona-1 asumiría su “cuota de solidaridad” inter-penitenciaria y, por lo que respecta al mundo separatista, se daría otro paso en la “construcción nacional”. Dos pájaros de un tiro; tres si lo enmarcamos en las sempiternas conversaciones Madrid-Gobierno Vasco en torno a los Presupuestos Generales del Estado. Un guisote nada ligero sazonado, además, con la dialéctica propia de una posible transferencia de las competencias penitenciarias a Lakua.
Martutene agoniza. A su relativa antigüedad –en el resto de Europa, con lo que hay, se trataría de una prisión casi nueva-, muy lejana eso sí de las condiciones materiales prototípicas de los nuevos centros edificados por toda España, se le suma su característico riesgo de inundabilidad; si bien multiplicado por el avanzado estado de ejecución del nuevo barrio de Txomin Enea. Éste se ha elevado entre 4 y 7 metros a resultas de su urbanización previa y la edificación de unas 600 viviendas. La liberación de Martutene cerraría este plan especial con otras 300 viviendas a construir en los terrenos todavía hoy ocupados por la prisión. En conclusión: caso de lluvias torrenciales se agravarían, y mucho, sus ya de por sí deficientes condiciones de habitabilidad y seguridad.
Toda esta cuestión viene de lejos, si bien ha recobrado actualidad en los últimos meses; especialmente con motivo de la reunión celebrada el pasado  10 de enero entre el alcalde de San Sebastián, Eneko Goia, y Miguel Contreras, presidente de la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios (SIEP).
No fueron capaces -o no quisieron- concretar un calendario de futuras actuaciones; si bien coincidieron en la imperiosa necesidad de “hacer algo” en el curso de las próximas semanas.
Las posibles cuatro alternativas están ahí: la acometida de obras urgentes de acondicionamiento de un Martutene que, antes o después será clausurado y demolido; o su cierre anticipado, lo que implicaría el traslado de sus internos y personal de servicio a otras prisiones. Existe una tercera alternativa que no parece factible a corto y medio plazo: el cierre de Martutene tras una construcción acelerada de la de Zubieta; proyecto que viene sufriendo múltiples dilaciones. La cuarta, y última posibilidad, acaso sea la más probable: que todo siga igual durante los próximos años venideros.
Tan mediático asunto está -decíamos antes- íntimamente imbricado con una plausible transferencia de las competencias de ejecución penitenciaria al Gobierno Vasco; tal y como acaeció con Cataluña allá por 1983. Esta eventualidad -exigida reiteradamente desde EH Bildu, con su mirada puesta en la supuesta “humanización” carcelaria por medio del “acercamiento” de los presos terroristas para su ulterior excarcelación- también es alegada ocasionalmente desde Lakua, en el contexto de las negociaciones presupuestarias con el Partido Popular. Todo un clásico.
De hecho, al día siguiente del reseñado, Alfonso Alonso, presidente del PP en la comunidad vecina, en una entrevista concedida a Radio Euskadi y recogida por Europa Press, vinculó el traspaso de las competencias penitenciarias a la disolución de ETA: «Prisiones está muy condicionada porque ETA todavía no se ha disuelto», especificando que existe «una perspectiva de traspaso, pero está condicionado a una situación muy particular».
Desde hace muchos años, en Navarra estamos resignados a que nos venga lo mejor de Guipúzcoa: el panfleto de agitación separatista y publicidad prostibularia de los empresarios confesionales del Grupo Noticias, dirigentes y activistas nacionalistas de toda condición –siendo el simpático Koldo Martínez uno de tantos-, vascoparlantes siempre animados y prestos a “hacer patria” ocupando todo tipo de vacantes en las administraciones públicas navarras (desde jardinero en la Ulzama a celador en la UPNA) y en cualquier empresa (por ejemplo, profesor titular en la UN). Quitaron de su escudo provincial los cañones que ganaron en Velate, pero ahora, a cambio, lo quieren todo: no sería la primera vez en la Historia. Navarra, el lebensraum guipuzcoano.
Pero volvamos a la actualidad penitenciaria.
A casi nadie gusta tener una prisión en su propio barrio: no es estético y siempre se tiene cierto temor a que los delincuentes –en sus entradas y salidas- la emprendan con los vecinos. Una percepción totalmente desmentida por la sociología penitenciaria y la estadística criminal: ¿acaso la vieja prisión pamplonica de la calle San Roque hizo inhabitable al barrio de San Juan? Pero, en el caso que nos ocupa, el peneuvista Eneko Goia, a la par de ofrecer a sus vecinos/votantes la conclusión de un barrio nuevo e inmaculado, bien pudiera alejar a 300 paisanos –de lo mejorcito- fuera de su ciudad; y una jugosa parte, a Navarra. Como buen hijo que es de la Guipúzcoa separatista, ¿¡cómo negarse a ello!?: por solidaridad penitenciaria y “construcción nacional vasca”. No en vano, para tan peculiar y artificial “construcción” todo les vale a los peneuvistas y demás correligionarios: el terrorismo durante décadas, privilegiar y sobredimensionar el vascuence en una operación totalitaria de ingeniería social a largo plazo, la generosa financiación de sus quintacolumnistas navarros, la “Y vasca” del Tren de Alta Velocidad… y la delincuencia de cualquier calaña.
Sin embargo, aunque interesada y no carente de cierta lógica interna, el más elemental sentido común indica que el traslado a Pamplona de semejante mega-banda guipuchi no tiene por qué ser la opción más realista.
De entrada, todos esos presos ya están en Osakidetza. Entonces, ¿para qué sustraerlos de tan afamado y benemérito servicio de salud y derivarlo a nuestro ya sobrecargado Osasunbidea? Seamos prácticos: cuantos menos trámites y menos cargas, mejor.
En segundo lugar, estos 300 guipuchis ya están cumpliendo condena en su propia comunidad autónoma, de modo que, permaneciendo en la misma, no precisan cambios de domicilio y otros engorros burocráticos necesarios para el acceso a determinadas prestaciones sociales. En realidad, hay sitio para todos ellos en Araba: hagamos, pues, realidad el acercamiento y la agrupación de todos los vasquitos; al menos, de éstos. Por último, por lo que se refiere al factor distancia, Araba apenas está una veintena de kilómetros más alejada que Pamplona-1. Ni los internos ni sus familiares se verían perjudicados; ¡todo por quedarse en casa! Y evitaríamos equívocos y encontronazos aquí, no sea que estos guipuchis terminen pensando, antes o después, que ésta es su casa y se comporten con nosotros al igual que sus prepotentes paisanos nacionalistas: haciendo lo que les dé su “real” gana.
¿Resistirá Uxue Barkos la tentación de mostrarse solidaria –ella, tan buena- con Madrid y los guipuchis, y de mostrase obediente en esta atípica perspectiva de la “construcción nacional”? Dependerá de ella, de los guipuchis que la tiene asediada… y del partido-madre al que debe pleitesía y cuentas: el EAJ-PNV.
Paradójicamente, en una tesitura en parte análoga, bien pudiera encontrarse su antagónica Ana Beltrán: aprisionada –nunca mejor dicha- entre los deseos de sus electores y los intereses cortoplacistas de Madrid. Que nunca se sabe y ya hemos visto de todo.

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