Dieselgate: Historia de un fraude empresarial

Clemente Polo
Michael Horn, presidente y consejero delegado de Volkswagen Group en Los Estados Unidos (EEUU) que dimitió en septiembre de 2015, durante una campaña de la empresa Volkswagen. Archivo Reuters.

Redacción: [Clemente Polo, Presidente de asociación ‘Regeneración Democrática’ (RD); Catedrático de Fundamentos del Análisis Económico Departamento de Economía e Historia Económica, en Cataluña].Artículo inédito cuya publicación ha sido rechazada por algunos medios de comunicación. La detención en el aeropuerto de Miami de un alto ejecutivo de VW y la acusación del Departamento de Justicia (DOJ) de los Estados Unidos contra otros cinco ejecutivos de la compañía por conspirar para cometer fraude puso de actualidad la siempre conflictiva relación que existe entre ética empresarial y maximización de beneficios, y el papel que cumplen los organismos reguladores y los sistemas de inspección en sociedades democráticas. Barcelona (España), domingo 19 de febrero de 2017. Fotografía: Michael Horn, presidente y consejero delegado de Volkswagen Group en Los Estados Unidos (EEUU) que dimitió en septiembre de 2015, durante una campaña de la empresa Volkswagen. Archivo Reuters.

El caso de VW, una de las dos mayores empresas automovilísticas del mundo, no es el primero ni será el último caso de fraude empresarial —el buzón donde guardo noticias sobre fraudes de empresas no financieras y entidades financieras está a rebosar, incluidas otras empresas automovilísticas—, pero su gestación y graves consecuencias que está teniendo permiten extraer algunas conclusiones de interés general.

El fraude

El DOJ y la Agencia de Protección Medioambiental (EPA) de los Estados Unidos acusan a la empresa VW de conspirar para defraudar al gobierno y violar las regulaciones medioambientales entre mayo de 2006 y noviembre de 2015.

M. Healey, fiscal general del Estado de Massachusetts con E. Schneiderman fiscal general del Estado de Nueva York presentando sus demandas contra VW. Archivo facilitado por el autor de este artículo. Lasvocesdelpueblo.

Para sortear los estrictos estándares de la EPA en materia de emisiones, VW instaló aparatos en los motores diesel de sus vehículos que, junto con los programas informáticos instalados en el ordenador de a bordo, permitían ocultar durante las inspecciones las cantidades de óxido de nitrógeno (NO) realmente emitidas y pasar así con éxito las pruebas.

El gigante alemán, que ya había sido sancionado con una multa de 120.000 dólares en los años 70 por este motivo, dejó de comercializar temporalmente sus vehículos en los Estados Unidos al introducirse gradualmente entre 2004 y 2007 las nuevas normas, mucho más exigentes, y se dedicó, supuestamente, a introducir innovaciones tecnológicas para reducir las emisiones y cumplir los criterios.

El nuevo modelo Jetta fue presentado en 2008 como ‘diesel limpio’ e incluso ganó el premio “coche verde del año” en el salón del automóvil de Los Ángeles.

Entre 2009 y 2015, VW vendió 500.000 vehículos en Estados Unidos que supuestamente cumplían la normativa vigente, aunque los organismos reguladores estadounidenses nunca estuvieron  plenamente convencidos de ello.

Dieselgate: historia de un fraude empresarial. Un artículo inédito cuya publicación ha sido rechazada por algunos medios de comunicación. Imagen facilitada por el autor del artículo. Lasvocesdelpueblo.

En realidad, los estudios realizados por investigadores de la Universidad de West Virginia para la California Environmental Protection Agency (CalEPA) indican que los vehículos con motores de dos litros examinados emitían cantidades de NO entre diez y 37 veces superiores a las permitidas, dependiendo de las circunstancias de conducción.

VW trató arteramente de ‘resolver’ el problema en 2015, ofreciendo a los propietarios reparar sus vehículos, como suelen hacer las empresas automovilísticas cuando detectan el mal funcionamiento de algún componente.

Además, empleados de la empresa trataron de obstruir la investigación alterando, destruyendo, mutilando y ocultando correos y otros documentos comprometedores, y al menos un empleado fue despedido por oponerse a ‘limitar el acceso’ de la EPA a los documentos requeridos durante la investigación.

Hace pocos días, VW alcanzó un acuerdo con el DOJ —todavía pendiente de aprobación por un juez— para detener el procedimiento judicial en Estados Unidos. VW se declaró culpable de los cargos civiles y criminales que se le imputan y se comprometió a colaborar y proporcionar toda la información que le sea requerida por el DOJ y la EPA a partir de ese momento.

VW tendrá que pagar tres multas por importe total de 4.300 millones de dólares que, sumados a los 14.700 millones que la empresa se comprometió a pagar a los propietarios y la EPA, y otros 600 millones más a 44 Estados, podría elevar la factura total a 19.600 millones sólo en Estados Unidos.

Quiero recordar que cuando el escándalo salió a la luz, VW estimó, con un optimismo que ahora se demuestra infundado, que el desembolso total rondaría 7.300 millones.

Afortunadamente para VW, los estados de la UE donde se vendieron la mayoría de los 11 millones de vehículos manipulados, no han interpuesto querellas y la empresa ha salvado la comprometida situación ofreciendo a los propietarios la posibilidad de introducir modificaciones que alivian pero no compensan plenamente el daño causado.

En Europa, sólo 10.000 concesionarios en el RU se han atrevido a interponer una querella reclamando 30 millones de libras.

Regulación, inspección y exigencia de responsabilidades

El comportamiento de VW prueba una vez más que las empresas tienen propensión a incumplir las regulaciones que incrementan sus costes de producción o limitan sus ventas, y que esa tentación se acrecienta cuando la penalización por incumplirlas es insignificante o sus directivos creen que pueden engañar al regulador.

Que el caso del fraude de VW se haya descubierto en Estados Unidos, un mercado relativamente menor, no es casualidad sino una demostración de que los organismos reguladores estadounidenses se toman en serio la tarea de inspección y el DOJ interpone demandas judiciales contra los infractores que pueden resultar muy costosas.

En la imagen, el gráfico de los beneficios de las operaciones de ventas de la empresa Volkswagen (VW) en 2014. Lasvocesdelpueblo.

“Cuando infringes las leyes diseñadas para proteger la salud pública en este país, hay serias consecuencias”, afirmaba Gina McCarthy, gerente de la EPA, hace unos días al tiempo que reiteraba su compromiso “a continuar investigando a empresas sospechosas de infringir la ley”.

Como ocurre con el dopaje en el deporte, la tentación de engañar al organismo supervisor siempre estará presente y las empresas y entidades financieras buscarán tretas para adelantarse a los reguladores, como hizo VW. De ahí que la tarea más complicada del regulador no sea establecer los estándares y aprobar las normas sino desarrollar protocolos eficaces para comprobar su cumplimiento.

Sin la determinación y tenacidad demostrada por la EPA y la CalEPA para comprobar las emisiones de los modelos sospechosos, el sofisticado fraude técnico-informático perpetrado por VW podría haber quedado enmascarado –como al parecer ocurrió en la UE– y las malas prácticas del gigante automovilístico y su cúpula directiva habrían quedado indemnes.

En la mayoría de los casos, los reguladores estadounidenses se han conformado con multar a las empresas infractoras sin llegar a acusar a sus empleados individualmente.

Así ocurrió, por ejemplo, cuando se descubrieron deficiencias técnicas en algunos modelos de Toyota y GM que llegaron incluso a causar la muerte de algunos conductores. La diferencia con el caso actual estriba en que a los seis altos ejecutivos de VW se les acusa de perpetrar intencionadamente un fraude masivo y continuado, alterando los sistemas de medición de emisiones de los motores con intención deliberada de engañar a los consumidores y al organismo regulador.

En la imagen, un gráfico de la caída de inversiones de Volkswagen (VW) en septiembre 2015. Archivo facilitado por el autor del artículo. Lasvocesdelpueblo.

Una cuestión que queda todavía en el aire es si los seis ejecutivos encausados eran los responsables últimos del fraude, porque resulta difícil creer que un engaño de esta magnitud y duración, que originó agrias disputas entre la empresa y los organismos reguladores, pudiera haberse perpetrado sin conocimiento de los más altos responsables de la empresa y su consejo de administración. No tardaremos mucho en saberlo.

Corolario

Armstrong, el ciclista al que la Agencia Anti-dopaje de Estados Unidos considera el líder de la banda “del programa de dopaje más sofisticado y profesionalizado conocido en el mundo del deporte”, acabó siendo descubierto y perdiendo sus siete coronas del Tour de France.

En el caso de VW, el fraude ha acabado saliendo la luz y ha ocasionado graves perjuicios a empleados y accionistas. Aunque las ventas globales de la empresa se incrementaron en 2015, los beneficios de 2013 y 2014 se tornaron abultadas pérdidas (6.200 millones de dólares) en 2015 y el valor de sus acciones ha caído el 21% entre septiembre de 2015 y enero de 2017.

Engañar no svw-operating-profit-to-2014ale a cuenta, al menos en Estados Unidos.

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